March 1, 2014

March 1, 2014
EL BAR

Soy masoquista. Siempre vengo al mismo bar, primero porque está a pocos metros de mi casa y segundo porque me gusta pensar siempre en lo mismo en este mismo lugar. O sea en ti. Ya de entrada esto es patético. Pero tristemente hoy tengo que ser sincero porque hoy, esos pensamientos no son más que recuerdos extraños y cada vez menos agradables. Hoy puedo decir que me da un poco de tristeza con melancolía y fastidio pensar en ti. Melancolía por lo mismo de siempre, los recuerdos, las historias y demás etcéteras, y fastidio porque eso es lo que ahora siento por vos, que triste, nunca pensé sentir fastidio por alguien a quien ame tanto, pero no eres tu quien provoca esa sensación sino yo que lentamente me sumerjo en un letargo inconsecuente de preguntas estúpidas y de pensamientos inconclusos. Todo entré nosotros fue así siempre, sin un fin. Hoy por suerte puedo decirte adiós, y esperar que la vida no me introduzca en esa patética e insuperable historia de los amores imposibles, si es que acaso esto es así y en esa ridícula secuela de que por algo inexplicable no se puede superar. Suena tan estúpido desde el momento que se intenta superar algo que los humanos nos ponemos como metas, el amor. Que asco que me da. Y esa parece la única manera en la que ahora puedo sacarte de lo cabeza. Sentir fastidio por todo lo hermoso que vivimos. La gente cuando se separa siempre pretende quedarse con lo lindo de las relaciones, pero yo no puedo hacerlo y no entiendo como lo hacen, porque si me quedo con lo lindo corro el riesgo de seguir enamorándome a la distancia. Cosa estúpida. Cosa estúpida el amor, vos y yo. Cosa estúpida la que hizo que aquella tarde de marzo llamara a la secretaria de la escuela pidiéndole tu número con urgencia y mentir para que me lo diera y que de ahí en adelante empezara toda esta estupidez. Una estupidez que parece que así quedara en mi recuerdo o que tengo que transformar en cosa estúpida para poder verte como un amigo. Martín Luther King dijo que la mejor manera de vencer al enemigo es ignorándolo. Y si bien tu no eres mi enemigo lo que siento por vos si. O necesito que así sea. Todo esto es tan estúpido que necesito escribir mi historia, vos ándate de acá.

December 4, 2013
LA CALLE

No me vuelvo a enamorar. Claro, eso pensé cuando me di cuenta que el amor no es una de mis palabras favoritas. Pero también he dicho no vuelvo a beber, y esta es una de las mías. Vivía en una casa de esas antiguas en el barrio de San Telmo en Buenos Aires, la casa era compartida con dos chicas muy estúpidas, mojigatas, y mi habitación tenía un balcón, de esos que permiten entrar en estado de reflexión y aún más en un barrio como ese. Una de las noches que pasé allí dije por primera vez te amo, no lo pensé, fue como un gas, se me salió sin querer, pero nunca se fue, quedó para siempre, me encantaría pensar que quedó allí en aquella vieja casa, donde meses después de mudarme pasaba con frecuencia, tocaba el timbre y puteaba a las inquilinas, mis ex compañeras de piso, porque realmente eran dos bastardas. Pero aquellas dos no merecen más lineas, ya las perdoné, espero nunca ir al infierno para no encontrarlas. Como dije, aquella noche solía amarte, recuerdo haber pasado una tarde realmente de angustia, pues no tenía trabajo y no tenía como pagar el arriendo, pues me había patinado toda la plata del mes en marihuana y en dos libros que te compré, uno de cine y otro de cine también. Pero uno era sobre cine argentino y otro sobre snobismo cinéfilo de ese que uno lee cuando va a la escuela de cine, que no entiende y que solo aprecia cuando se recibe y no encuentra trabajo. Esta época fue realmente linda, ¿te acuerdas? Dios, la puta madre, no puedo recordarla, me dan pepitas en el cuerpo, las pepitas son eso que salen en la piel cuando por ejemplo se acaricia lana, no sé si se entienda, haz de cuenta que se te cae un diente y en medio del desangre de la encía te pasas un pedazo de lana por la carne abierta. También puede pasar con la pana o el corderoy es lo mismo. A muchos les pasa cuando rozan un cuchillo bastamente  por un plato vacío, un sonido, un chirrido. No los entiendo, que poco ingeniosos, si a mi me molestara eso me taparía los oídos, es hipotéticamente fácil de refutar esta teoría, pero en cambio si te pasan lana por la encía no hay manera de hacer algo, matar al que lo hace, o matarte tu, porque quizá seas tu el que lo esté haciendo para entender lo vengativa que es la lana y el sufrimiento. Seguramente el alma del animal que mataron para hacer el sweater esté en la lana, y no nos deja en paz. Por eso no hay que usar lana. Se puede reemplazar por un abrigo de algún paño fino de feria americana con olor a muerto, porque si, siempre que uno compra algo de segunda mano lo primero que piensa es en un ataúd y en el muerto dentro del cajón, aunque no sepamos quien es, tenemos esa virtud de inventar caras, una manera de engaño o de fantasía, no sé, pero en este caso hablo de los muertos. Una tarde caminaba por Marcelo T. de Alvear y entré a una de estas ferias y compré un piloto de mujer, como soy flaco y esbelto la ropa de mujer me queda bien, pero hay que saber usarla con actitud, así cuando te pregunten donde lo compraste sin titubear y con orgullo digas el lugar y seguido, es de mujer. Por lo general esto viene seguido de un, pero no parece, que lindo, te queda pintado, y claro como no, por algo lo compré. En aquel local vi unos guantes verde selva, o verde militar, verde militar genéricamente hablando para que todos entiendan, quizá hay más militares camuflados que ecologistas que piensan en el verde militar antes que verde selva, o verde pino, es estúpido decir verde militar si seguramente los milicos usan este color para camuflarse en la selva, yo me quedo con verde selva. Aquellos guantes eran normales, son de esos que se les puede sacar el capuchón y quedan los dedos por fuera, parecen hechos para fumar; pregunté el precio y la mujer me dijo algo así como doscientos pesos argentinos, unos guantes de segunda mano, ella al ver mi cara de sorprendido remató con algo así como eran de un milico de la dictadura, pero quédate tranquilo, los usaba para cazar, como si eso aumentara el precio, pero como era un milico con mucha plata seguramente eso los hacía más costosos, los puse en su lugar y cuando la mujer se fue me los robé, me los puse y seguí viendo cosas en el lugar. Me dio tanta bronca que fueran de un milico que los usaba para cazar, y que fuera milico, que me los robé, como si con eso me estuviera vengando de un muerto, pobre la mujer, aunque en ese lugar venden más que en cualquier Ay not dead. Es ridículo pensar en que la ropa de segunda viene solo de gente muerta, por lo general si, pero también muchos seguramente venderán su ropa cuando nos les gusta más, no, a los que no les gusta la regalan a los pobres, pero quizá otros la vendan para comer, para comprar marihuana o para emborracharse, una vez estuve a punto de vender una campera que me regaló mi papá, de cuero, muy costosa para mi vida precaria de estudiante, pero al final encontré un tarro de nesquik y un paquete de pan lactal en la cocina, y no la vendí. Que buena decisión, porque ahora es la que me acompaña en esta ciudad de nieve. Esa tarde salí con mi piloto y los guantes robados, caminé hacía un supermercado y compré unas galletas y un yogur de fresa y caminé hacía el antro ese donde trabajabas, cada recuerdo de aquellos días siempre vienen acompañados por alguna imagen de Buenos Aires una de las miles, porque son muchas y eso es aún peor, vivir en el exilio de un lugar maravilloso donde no naciste pero con el tiempo darte cuenta que no naciste allí por error, pero que realmente tu cabeza nació allí aunque tu cuerpo no, no importa, el cuerpo es un accesorio donde yo llevo el alma, seguramente a la cigüeña cuando volaba le metieron un balazo en Bogotá y cayó sobre la Carrera Séptima y por eso nací allí. Que sería de Bogotá sin la Séptima, nada, así como Cali no sería nada sin Andrés. No hace falta leer todo de Andrés ,la sola historia de su vida y muerte es tan hermosa, es tan pura que no vale la pena revivirlo, porque se mataría de nuevo. Marcelo T de Alvear tiene algo muy lindo, no sé si es el nombre o lo que hay en ella, en la calle, Marcelo T es una calle. Pero aquel lugar es como el pasadizo secreto de Buenos Aires, es como una calle que conquista, es mejor caminar por Marcelo que por Santa Fé, o Cordoba, son calles muy rudas, muy burdas, suenan a vacío, aunque estén siempre con una turba de gente ensimismada, pero Marcelo tiene un aire diferente, se respira cierto voyerismo .Las calles tienen una personalidad, Pueyrredón quizá sea para mi una de las calles que más me absorbe la energía, tiene dos sanatorios un mac donalds y un burger king, una tienda de ropa interior para hombre que sus dueños muy ingenioso llamaron Narciso, y un lugar donde te venden la nacionalidad española, la italiana y todas juntas, es raro, es una calle muy cargada, pero yo solo veo eso, la caca, todo eso junto hace un gran sorete de calle. También viví en esa calle, pero todavía no nos conocíamos. Quizá eso también empeora esto que digo de la energía y la calle. En fin. Los científicos dicen que el alma no existe, y la energía la manejan de manera profesional no como yo que creo en la energía que se transforma pero de manera poética y patética.

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